Había un cabrero en Mataelpino cuya casa, estando habitada, fue alcanzada por un rayo, atravesando la cocina y matando a un gato y alguna cabra.
Al cabo del tiempo, alquiló esta casa a unos veraneantes de Madrid. La casa acabó incediándose, cuando la inquilina quemaba las ropas de su hijo asesinado (en Madrid) en la chimenea.
Debajo, la casa, y el bevedero colindante.
(Fuentes: Carmen e Inma)
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